Todos tenemos conflictos.

Los conflictos forman parte de la vida, todos tenemos diferencias entre nosotros y para con nosotros. A veces, estas diferencias se pueden solventar fácilmente porque no nos suponen un problema y/o no van en contra de nuestros intereses. En otras ocasiones, puntos de vista contrapuestos, opiniones polarizadas y posturas opuestas pueden llegar a afectar a nuestro bienestar, es entonces cuando surge el conflicto. Es pues inevitable que una persona a lo largo de su vida se vea envuelta alguna vez en una discusión.

Cuando se tiende a evitar conflictos, ya sea por el elevado nivel de malestar que generan o por la percepción de carecer de herramientas para hacerle frente, el conflicto se puede dirigir hacia nosotros mismos. Por ejemplo, si un desacuerdo me genera un elevado nivel de ansiedad prefiero ceder y aceptar, aunque no esté de acuerdo, pero evito la consecuencia negativa del conflicto. A largo plazo, me enfado conmigo mismo por aceptar puntos de vista en los que no estoy de acuerdo, siento que mi opinión es menos que la de los demás y mi autoestima se puede ver afectada.

Por otro lado, cuando se tiende a buscar el conflicto por carecer de otras vías de comunicación o por creencias distorsionadas (si me impongo a los demás, estos deben ceder), es posible sufrir consecuencias negativas como el rechazo social o el aislamiento.

Todos tenemos nuestra propia manera de gestionar conflictos, además, el entorno y el contexto social influyen. Por ejemplo, no es lo mismo discutir con nuestros hermanos que con un profesor o un desconocido. También influye el estado de ánimo en el que nos encontremos en el momento de la discusión. Pero, aunque en un conflicto intervienen multitud de factores que pueden ayudar o complicar la resolución de este, cada persona suele tener un estilo de base con el que los maneja. Esto dependerá de su historia vital, de sus creencias, de su estado emocional…etc.

Por todo esto, es de vital importancia disponer de distintas herramientas que nos permitan lidiar con las discrepancias de la vida de una manera sana y adaptativa.  

Tendencia a la atribución externa o interna.

Fritz Heider desarrolló la teoría de la atribución, esta teoría trataba de dar respuesta a cómo la gente explica el origen de su comportamiento y el de los demás. Para Heider, tendemos a atribuir nuestra conducta y la de los demás a dos orígenes posibles: uno interno (rasgos de personalidad, motivación, capacidad intelectual) y otro externo (suerte, las circunstancias, la situación).

tabla explicaciçon a mi conducta

En función de varios factores atribuiremos distinto origen y en función de la atribución que hagamos daremos una respuesta u otra. Por ejemplo, si nuestro mejor amigo nos contesta mal y sabemos que está pasando por una ruptura, puede que atribuyamos su contestación a la ruptura. Por lo que haremos una atribución externa de su comportamiento, ya que sabemos que nuestro amigo no suele hablarnos así, y nuestra respuesta será más de apoyo que de enfado. Sin embargo, si en este ejemplo atribuimos su contestación a que tiene mal genio es probable que nuestra respuesta sea el enfado o el alejamiento. Es por ello importante considerar varias alternativas cuando buscamos explicación a comportamientos ajenos y propios.

El problema del extremo

El problema surge cuando somos extremistas a la hora de hacer atribuciones. Si siempre realizamos atribuciones externas cuando buscamos las causas de nuestro comportamiento (“tengo muy mala suerte”, “las cosas se dieron así y yo no pude hacer nada”), es probable que no tomemos responsabilidad de nuestros actos y desde esta perspectiva no podremos cambiar. Si, por el contrario, todo lo atribuimos a nuestra conducta (“no tengo suficiente capacidad”, “nunca encaje en ese grupo porque no se relacionarme”), es probable que cometamos errores de atribución y estos dañen nuestra autoimagen.

Lo mismo ocurre con los demás, si siempre realizamos atribuciones internas del comportamiento de los demás y no sobre las circunstancias que pueda estar pasando esa persona, cometeremos errores que determinaran la calidad de nuestras relaciones sociales.

Los seres humanos somos seres complejos, con altibajos emocionales, con capacidad de aprendizaje y en constante cambio. Sería absurdo pensar que somos seres estáticos y lineales, ¿verdad? Pues igual de absurdo es pensar que en el comportamiento de una persona solo interviene una variable. Es complicado realizar atribuciones y genera menos frustración considerar una única alternativa, pero esto nos puede llevar a categorizar el mundo y las personas de manera errónea. Algunas de las consecuencias de realizar atribuciones radicales podrían ser:

  • Problemas de autoestima y confianza. “todo lo hago mal”. Tendencia a la atribución interna de mi comportamiento.
  • Pérdida de relaciones significativas y problemas para gestionar conflictos. “Él es así y nunca va a cambiar”. Tendencia a la atribución interna del comportamiento de los demás.
  • Estados de indefensión y desesperanza. “Mi situación jamás cambiará y por eso bebo”, “no puedo hacer nada”. Tendencia a la atribución externa de mi comportamiento.
  • Justificación de la conducta de los demás cuando nos hacen daño. “Él me engaña porque esta estresado con su trabajo”. Tendencia a la atribución externa de la conducta de los demás.

Es importante entonces considerar más de una variable cuando queremos encontrar una respuesta a un comportamiento, ya que nos permitirá gestionar mejor tanto conflictos internos como externos. Pero ¿y cómo hacemos esto?:

  • Cuestiónate, aunque estés muy convencido de algo. Atrévete a generar argumentos en tu contra y a considerar otros puntos de vista.
  • Ni nadie es tan malo, ni nadie es tan bueno, aunque tengas una opinión formada sobre alguien, esta persona puede cambiar con el paso del tiempo, permítete considerarlo.
  • Presta atención a los extremos. Si palabras como “siempre” y “nunca” suelen estar en tu diálogo con frecuencia, revísalo.

Aunque es imposible tener en cuenta todas las variables que pueden llegar a influir en el comportamiento de una persona, poder considerar más de una alternativa nos puede ayudar a tomar decisiones más acertadas y a gestionar los conflictos de una manera más saludable para nosotros y para el resto.