El perfeccionismo es ese rasgo que no sabemos bien si es nuestro enemigo o nuestro aliado, ese “defecto” que decimos siempre en las entrevistas de trabajo porque realmente no lo consideramos un defecto del todo, y es probable que el entrevistador lo valore como positivo para trabajar en una empresa. Pero, profundicemos realmente en qué es el perfeccionismo y las consecuencias de llevarlo al extremo.

El perfeccionismo es esa necesidad que nos impulsa a hacerlo bien, esa exigencia interna que nos dice que no es suficiente y que los detalles cuentan, que el trabajo o mi vida tiene que ser “perfecta”. Pero ¿qué es ser perfecto? ¿es realista?

Cada persona tiene un concepto distinto sobre la “perfección”, para unos la perfección es conseguir la mejor nota de la clase, los mejores resultados en el trabajo o el mejor proyecto de negocio. Para otros puede ser tener la casa más moderna, el último coche del mercado o ser una persona muy sociable. Así en función de tus características y tus intereses tendrás un concepto de perfección distinto al de los demás.

El perfeccionismo puede impulsarnos a mejorar, a dedicar más horas a aquello que nos merece la pena luchar y a lograr nuestras metas. Hasta ahí todo bien, pero ¿qué ocurre cuando este perfeccionismo se vuelve extremo?

Una personalidad perfeccionista puede dar lugar a patrones rígidos de comportamiento y a una necesidad de tenerlo todo bajo control. Esta personalidad choca inevitablemente en un mundo flexible, en constante cambio y en ocasiones, incontrolable, y, por lo tanto, dificulta el proceso de adaptación a éste.

Según Parker y Manicavasagar (2005), las características del estilo de personalidad perfeccionista son las siguientes:

  • Tratan de hacer todo bien
  • Trabajan con gran dedicación en lo que se propongan
  • Tratan de ser los mejores en cualquier iniciativa que emprendan, y exitosos en casi todas las áreas.
  • Se comprometen entera y responsablemente.
  • Trabajan con el máximo potencial.

Suena bien, ¿verdad? ¿Quién no querría a alguien así en su empresa? Lo cierto es que en la mayoría de las ocasiones se lucha por un ideal inalcanzable, la perfección, y siempre se cree que puede hacerse mejor. Es por ello, que pueden surgir problemas para desconectar de las obligaciones o que cuando lo hagamos, nos sintamos mal por ello. El no poder desconectar del trabajo y no compaginarlo con actividades de ocio puede provocar ansiedad y estrés laboral, y esto repercutirá inevitablemente en el rendimiento, llevándonos a ser aún más perfeccionistas para evitar esto y formando así, un círculo vicioso de difícil manejo.

Otra consecuencia probable es que las actividades de ocio y disfrute sean susceptibles de convertirse en obligaciones también.

“Tengo que desconectar, debería salir a pasármelo bien” en lugar de “necesito desconectar, quiero salir a pasármelo bien”.

Por lo tanto, lo que se supone que debe relajarnos se convierte en otra fuente de estrés.

Por otro lado, si no se obtiene el reconocimiento esperado, aparecen sentimientos de incomprensión y frustración, debido a todo el esfuerzo dedicado y a la poca valoración por parte del entorno. Pero como comentábamos anteriormente, cada persona tiene un concepto distinto de perfección y es probable que el entorno no valore el esfuerzo como a nosotros nos gustaría, simplemente porque cada persona es distinta.

Todo esto puede complicar el afrontamiento a situaciones estresantes, convirtiendo el perfeccionismo en un factor de vulnerabilidad psicopatológica.

El perfeccionista tiende a fijar estándares y objetivos demasiados altos, complicando su consecución. Es ahí donde puede surgir una percepción de fracaso y dan comienzo las autocríticas y los pensamientos negativos acerca del rendimiento pasado y las decisiones futuras. Cuando el diálogo interno es hipercrítico y negativo puede dar lugar a una pérdida de la autoestima y del orgullo. El no encontrar la solución “perfecta” también puede complicar el proceso de toma decisiones y provocar estados crónicos de estrés y ansiedad. Un mal manejo del estrés también podría estar relacionado con la aparición de conductas nocivas como el consumo de alcohol o atracones de comida, entre muchas otras. Como consecuencia final, el perfeccionismo puede dar lugar a cuadros más complejos como la depresión.

Como vemos el perfeccionismo puede llegar a ser un verdadero problema si no sabemos moderarlo y ser flexibles. No obstante, una vez se es consciente de esto es posible revertirlo a través de la intervención psicológica.

Para poder moderar esta tendencia es importante seguir una serie de pasos:

  1. Entender por qué se ha formado este patrón de personalidad, es decir, que hechos y relaciones pasadas han contribuido al desarrollo del perfeccionismo extremo.
  2. Aprender a regular ciertas emociones, como el miedo al fracaso y/o a cometer errores. Los errores son un aprendizaje vital en la vida.
  3. Modificar los pensamientos distorsionados acerca la necesidad de ser perfecto.
  4. Aprender nuevas estrategias de afrontamiento para la resolución de problemas de manera flexible y eficaz. Por ejemplo, aprender a pedir ayuda o poder delegar responsabilidades en otros.
  5. Comenzar a ponerse objetivos a corto plazo, realistas y alcanzables. Es importante que los objetivos prefijados se vayan consiguiendo para poder proporcionarnos un refuerzo positivo que vaya aumentando la motivación perdida.

Entonces teniendo en cuenta todo esto, ¿qué opinas? ¿virtud o defecto?