Muchos de vosotros habréis oído hablar de este concepto llamado “autoestima”, pero ¿qué es en realidad la autoestima? ¿Sabríais responder a la pregunta antes de seguir leyendo?

La autoestima es una de las partes más influyentes (por no decir vital) en el bienestar personal ya que podría considerarse como el “la brújula” que mueve nuestra percepción del mundo y, por lo tanto, nuestra relación con él. Esto es así en cuanto a que la autoestima se define como: la valoración global que hacemos de nosotros mismos. Si la evaluación que hacemos de nosotros mismos es negativa, nuestra relación con el mundo se llevará a cabo de manera insegura, temerosa y hostil (defensiva). Por el contrario, si la percepción que tenemos es positiva, percibiremos el mundo como un lugar seguro, controlable y estableceremos relaciones positivas con el exterior.

Nadie puede dejar de pensar en sí mismo y de evaluarse a lo largo de su vida. Aunque las bases de la autoestima se creen en la infancia, ésta se va modificando a lo largo del tiempo en función a logros y fracasos, el reconocimiento y aceptación social que se reciba o el control que se perciba sobre los acontecimientos externos. A raíz del aprendizaje que se vaya haciendo de los resultados de nuestro comportamiento, vamos desarrollando una autoestima alta o baja, positiva o negativa, estable o inestable…

Visto que sobre nuestra autoestima se asienta nuestra percepción y relación con el mundo, podemos ver la importancia de tener una sólida autoestima lo más positiva y realista posible que nos permita descubrir nuestros recursos personales para utilizarlos debidamente, así como nuestras deficiencias para aceptarlas y superarlas.

Muy bien, una vez hablado de la importancia de tener una autoestima estable (que no se vea dañada por acontecimientos externos negativos), positiva y realista como base de nuestra relación con el mundo, pasamos a la siguiente pregunta: ¿Cuál es la base de la autoestima?

El autoconcepto y la autoaceptación.

Estaréis de acuerdo en que a través de la evaluación de nosotros mismos (recursos, habilidades, deficiencias…) iremos creando una imagen de quiénes somos, esto es el autoconcepto, la imagen que tengo de mí mismo y mi posición en el mundo. Esta imagen que tengo de mí mismo ligada a la aceptación de quién soy va formando mi autoestima. Esta aceptación implicaría no negar sistemáticamente diferentes partes de mí, sino abrirse al autoconocimiento intentando no juzgar, teniendo la oportunidad de crear un yo del que uno no tenga que avergonzarse ni negarse.

El autoconocimiento y autoaceptación, yo diría, que puede suponer uno de los ejercicios más duraderos y complicados en nuestro recorrido personal (ya sea por miedos o por creencias sólidas que tengamos acerca del mundo y nosotros mismos). Por ello aquí os dejo algunos “tips” que si convertimos en hábitos pueden impulsar un mejor autoconocimiento, creando un autoconcepto más sólido y desembocando en la mejora de la autoestima:

  • Destruye a tu voz crítica

Deja de machacarte. Todos tenemos debilidades y pasamos por fracasos y no por ello somos unos fracasados. Los acontecimientos y las dificultades no te convierten en su resultado; aprende de los errores y las adversidades para mejorar en lugar de acuñarte otra característica negativa. Ejemplo: en lugar de decirte “soy un fracasado” cámbialo por algo más realista y controlable “esto me ha salido mal, voy a intentarlo de otra manera”. La voz crítica es una de las mayores responsables de nuestra baja autoestima, aprende a detectar esos pensamientos sentenciantes y a cambiarlos por otros más ajustados a la realidad y positivos.

  • Piensa en positivo

Muchas veces nos viene a la mente la anticipación de un resultado negativo y sus consecuencias desastrosas. Anímate a triunfar en lugar de predisponerte a fracasar, ¡tú puedes!, al igual que también puedes impulsarte en vez de hundirte. Pensando e imaginando escenarios en los que los resultados son positivos nos predisponemos a cumplirlos, del mismo modo que al contrario nos posicionamos por debajo de nuestras posibilidades y propiciamos que no se vayan a cumplir.

  • No te compares ni busques la aprobación de los demás

“Las comparaciones son odiosas”, ¿cuántas veces hemos oído esa frase? Odiosas porque idealizando y anhelando los logros ajenos sólo lograremos sentirnos desgraciados e inferiores. Cada uno tiene su momento, su ritmo y su forma de hacer las cosas, no existe el modo o momento “correcto”. Confía en los pasos que das, eres dueño de ellos. 

  • Ponte metas realistas, elimina el perfeccionismo

“No se puede juzgar a un pez por su capacidad de trepar un árbol”. Aprovecha tus cualidades y habilidades para trazar tu propio camino estableciendo metas asequibles y realistas, poco a poco se podrán ir aumentando pero primero ¡hay que empezar por el principio! Si nos ponemos metas demasiado elevadas obviando los primeros pasos nunca lograremos alcanzarlas y comenzaremos a dudar de nuestro propio potencial.

  • Trátate con cariño y respeto

Deja de etiquetarte y acuñarte términos en función a tus actos. “Soy idiota”, “siempre estoy igual”, “¡qué torpe soy!”, “¿cómo pretendo que me salgan bien las cosas si nunca salen bien”….e infinidad de creencias que poco a poco vamos arraigando en nuestra mente, y por lo tanto en la definición de nosotros mismos. Quiérete, anímate y perdónate. Insultarte o sentenciarte no servirá más que para sumirte poco a poco en categorías que minarán tu autoestima, en cambio si te animas, te alientas y te impulsas irás poco a poco dándote cuenta de lo mucho que impedía tu crecimiento y tu cariño propio esa etiqueta negativa en la que te has ido colocando desde hace tanto tiempo.

  • Cada noche cuando te acuestes…

Recuerda las cosas que han salido bien y los hechos por los que estás agradecido el día de hoy. Logros, situaciones bonitas, personas con las que has podido compartir un poquito de ti y las cosas por las que agradeces haberte levantado. El ambiente (tal y como hemos visto) es un factor muy importante en el bienestar personal, ¡seguro que encuentras más de tres hechos por los que ha merecido la pena ser tú hoy!