Realmente, que un niño dependa de sus padres durante la infancia es adaptativo. Evolutivamente es necesario para la supervivencia de la especie ser dependientes durante la infancia. Pero ¿cuándo empieza a ser esta dependencia desadaptativa?

Cuando nacemos somos dependientes por completo de nuestros padres, reclamándoles para poder satisfacer todas nuestras necesidades (alimento, limpieza, afecto, cuidados…). A medida que vamos creciendo, vamos pasando por diferentes etapas en las que nos vamos desprendiendo de ella para poder dar paso a la autonomía, culminando con el desarrollo de un adulto independiente.

Alrededor de los 2-3 años comienza a desarrollarse la autonomía personal ¡Y es aquí cuando aparecen las famosas rabietas! Esto es porque aumenta la necesidad del niño de explorar el mundo y su aparato motor, por lo que empiezan a exigir más autonomía y menos cuidados. Así, poco a poco el pequeño comienza a lograr cosas por sí mismo y va madurando a nivel emocional y cognitivo.

Sin embargo, puede pasar que este proceso no se lleve a cabo adecuadamente y nos encontremos con un niño:

  • Miedoso
  • Con mucha necesidad de proximidad
  • Que protesta ante la separación de su madre o padre
  • Que no consigue hacer cosas por sí mismo y necesita la seguridad que le proporciona la figura materna/ paterna

Como padres nos debatimos entre la protección y el otorgar la independencia suficiente para dejar espacio a su desarrollo. La sobreprotección puede ser uno de los factores que aumente la dependencia de los niños, ya que les estamos constantemente atendiendo y, sin querer, les podemos privar de poder alcanzar su propia autonomía y desarrollar sus capacidades.

Por otro lado, y opuesto al anterior, existe posibilidad de haber desarrollado un estilo de apego ansioso. Esto sucede cuando los niños no perciben la seguridad afectiva adecuada. Esta inseguridad se desarrolla de bebés, cuando los padres no acuden a su reclamo (o lo hacen de manera intermitente) o no proporcionan la afectividad necesaria. Todo niño necesita sentir que disponen de un espacio seguro en el que poderse mover y descubrir, por lo que si sienten que no disponen de uno siempre van a necesitar un refuerzo externo, una figura que les indique cómo o qué hacer dando pie, así, a la dependencia y a la inseguridad.

La falta de límites claros y normas puede también dar pie a la dependencia. Los límites otorgan al pequeño seguridad, saben qué se espera de ellos y cómo conseguirlo, por lo que aumenta su sensación de control y de responsabilidad. Si por el contrario no disponen de unas normas claras, puede que no desarrollen ese sentido de responsabilidad o de hacerse cargo de sus obligaciones, disminuyendo la sensación de valía personal o de adquisición de logros.

¿Cómo podemos pasar de la dependencia a la independencia?

  1. Libérate de la sobreprotección

Es importante lograr un equilibrio entre hacer y dejar hacer. Los niños necesitan explorar y disfrutar de un espacio libre de miedos y cuidados para ello.

  1. Pasar tiempo con el pequeño

Ofrecer a nuestros hijos tiempo de calidad, donde estemos con todos los sentidos puestos en ellos. Esto les proporcionará sensación de valía al mismo tiempo que estaremos afianzando nuestro vínculo. Darles este espacio permitirá también que se sientan atendidos sin tener la necesidad de estar siempre atentos a sus deseos y comiencen a lograr un equilibrio entre pasar tiempo con los padres y solos.

  1. Poner límites y normas claras

Establecer límites claros, dotando al pequeño de sensación de control y capacidad de logro. Hay que tener cuidado con establecer normas acordes a su edad, normas que el niño pueda cumplir y desarrollar así la sensación de responsabilidad y de autonomía.

  1. ¡Reforzar, reforzar y reforzar!

Nunca está de más recordarle al pequeño lo bien que hace las cosas y lo contentos que estamos de que supere las expectativas que hemos puesto en él. Muchas veces pasamos por alto el gran efecto que tiene premiar y nos vemos centrados en prestar atención únicamente para corregir o regañar. No nos olvidemos de halagar y de prestar atención a lo positivo.