La cara “buena” del alcohol

El alcohol junto con el tabaco son las drogas más consumidas en nuestro país, debido a su legalidad y su fácil acceso. Por su parte, el alcohol goza de una gran aceptación social, en cualquier celebración está presente y cuando quedamos con amigos solemos quedar en un bar para consumir alcohol. También son numerosos los memes y los videos en redes sociales que hacen referencia al consumo de alcohol, se comenta de una manera normal y divertida, reduciendo la percepción de amenaza que supone su consumo. Incluso alguna vez nos hemos podido ver presionados para beber por parte de nuestro entorno.

El alcohol se convierte así en el alma de la fiesta, es un aliado para vencer la timidez y parece tener una presencia imprescindible que asegura la diversión. Además, todo el mundo lo consume, ¿qué tiene de malo?

Riesgos asociados

Lo cierto es que el alcohol es una de las drogas más letales que existen, y cada año mueren alrededor de 30.000 personas por patologías asociadas a su consumo en nuestro país.

Al alcohol no le gusta dejar ningún área sin afectar, es capaz de destruirte física, psicológica y personalmente.

El abuso del alcohol puede provocar varios tipos de cáncer (labio, boca, laringe, esófago e hígado), pancreatitis, cirrosis hepática y aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular.

Puede tener grandes complicaciones a nivel cerebral, como pérdidas de memoria, fallos de percepción e incluso derivar en cuadros psicopatológicos como trastorno delirante o esquizofrenia.

A nivel personal y social, tiene numerosas consecuencias negativas:

  • Conflictos interpersonales. El alcohol aumenta la agresividad y disminuye la percepción de riesgo, esto favorece que la persona se vea envuelta en peleas o discuta más con su entorno.
     
  • Pérdida de relaciones significativas. El abuso de alcohol a largo plazo lleva casi asegurado conflictos con el entorno más cercano. En este punto la persona puede intentar ocultar su consumo, empeorando la relación, ya que aumentan las mentiras y manipulaciones, y esto acaba generando desconfianza hacia la persona que consume.
     
  • Estigma social. Cuando una persona consume regularmente es fácil que le pongan la etiqueta de “borracho”, con las consecuencias implícitas que esto conlleva. Por ejemplo, que no le tomen enserio o que se rían de él por su comportamiento cuando esta ebrio. Este estigma puede influir directamente en la autoestima, dañándola.
     
  • Pérdidas económicas significativas. Cuando la persona esta ebria es más fácil que pierda el control sobre sus finanzas, se vuelve más “sociable” y puede que se dedique a invitar a sus amigos o que se lo esté pasando tan bien que quiera continuar consumiendo o que ya tenga desarrollada una tolerancia y necesite invertir más en alcohol para emborracharse. El resultado es que al día siguiente la persona se arrepiente de todo el dinero gastado. 
     
  • Problemas académicos o laborales. Cuando el abuso es cada vez más frecuente, es posible que la persona acuda con resaca a realizar sus obligaciones. Acudir bajo estos efectos disminuye el rendimiento y puede que los compañeros perciban el estado de la persona. Si esta situación persiste, la productividad y rendimiento disminuirán y los conflictos no tardarán en llegar.

¿Es mi consumo de riesgo?

Si el alcohol es una droga que goza de gran aceptación social, muchas veces existe presión social por consumirla y está totalmente normalizada, ¿cómo puedo saber si mi consumo es de riesgo?

Normalmente las personas que sufren de adicción se caracterizan por ciertos errores de pensamiento que justifican que se siga consumiendo, entre ellos, destacan:

  • Negación y racionalización. En esta distorsión cognitiva la persona niega que exista un problema con el alcohol, argumenta que puede controlar su conducta y suele dar más de una explicación cuando habla de su consumo. Por ejemplo, “solo bebo los fines de semana, como todo el mundo”; “Puedo dejarlo cuando quiera, yo controlo”.
     

  • Minimización. La persona minimiza las consecuencias negativas del consumo. Por ejemplo: “solo bebo cerveza o vino”; “Todo el mundo se emborracha”;
     
  • Proyección. La persona culpa a otra persona de su consumo. “Sino discutiera tanto con mi mujer, bebería menos”; “Bebo porque mis amigos beben”.
     
  • Futurización. La persona tiende a anticipar un futuro negativo que generará desesperanza, esta desesperanza sobre el futuro acercará inevitablemente al consumo. “Si seguro que voy a suspender, ¿Por qué no voy a salir?”; “Haga lo que haga, mi pareja siempre encontrará motivos para discutir conmigo”.
     
  • Justificación pasada. La persona hace continua referencia a situaciones pasadas para explicar su consumo presente. “Bebo desde que ocurrió el accidente”; “Bebo porque no consigo superar la ruptura”. Al ser hechos pasados no se pueden cambiar, por lo que, según esta lógica, no se puede hacer nada.
     
  • Rigidez. La persona se aferra a sus percepciones y pensamientos con una fuerza tal, que puede hacer la comunicación muy difícil, sobre todo en lo relacionado con el consumo. El individuo cree firmemente en sus justificaciones para continuar su consumo y se le hace muy difícil considerar otros puntos de vista.

Si te sientes identificado con algunas de estas distorsiones cognitivas, hazte estas preguntas:

¿Si salgo a un bar con mis amigos siempre bebo?

¿Me ha preocupado alguna vez mi consumo de alcohol?

¿He bebido alguna vez alcohol a pesar del deseo de no querer hacerlo?

¿He tenido consecuencias negativas por el consumo de alcohol y aun así he seguido consumiendo?

¿He ocultado a alguien que he consumido o he mentido sobre mi consumo?

¿Me he gastado más dinero del que me quería gastar en alcohol?

¿He bebido a solas?

Si has respondido sí a la mitad o más de la mitad de las preguntas, entonces puede que tu consumo sea de riesgo, y deberías tomar medidas al respecto para proteger tu salud, tu vida y tus relaciones.

Muchas veces el alcohol se convierte en el epicentro del ocio de las personas, es por ello importante construir un ocio alternativo lejos del consumo de alcohol, y poder recobrar el interés por actividades olvidadas.

La adicción al alcohol es una enfermedad grave que requiere de un tratamiento realizado por profesionales especializados, por ello es fundamental pedir ayuda si crees que lo necesitas.

En TRIANGLE Psicólogos sabemos lo difícil que es dar este paso y reconocer que tal vez, se necesite ayuda para abandonar el consumo. Por ello, tratamos cada caso de manera estrictamente confidencial y con la mayor profesionalidad posible.